Salud y Medio Ambiente
Lo Último En La Ciencia De Las Hormonas, Parte 1, August 22, 2002

  

La semana pasada el diario NEW YORK TIMES agredió a una de mis organizaciones favoritas, la Red de Ciencia y Salud Ambiental (Science and Environmental Health Network, SEHN) (http://www.sehn.org). El TIMES acusó a la SEHN de abrigar creencias muy alejadas de la corriente central de la ciencia: "La [SEHN] confiere mucho más peso del que la mayoría de los científicos de la industria y los reguladores del gobierno le dan a las teorías de que los químicos en el medio ambiente están bloqueando el sistema endocrino humano y contribuyendo a una amplia gama de dolencias" (NY TIMES 19 de agosto, pág. C5).

Como presidente de la junta de la SEHN, pensé que debía tomar esta acusación seriamente. Es cierto que la SEHN apoya el punto de vista de que los químicos industriales en el medio ambiente pueden perturbar las hormonas y de esta manera probablemente están contribuyendo a una amplia gama de dolencias humanas. ¿No es éste el punto de vista general de la comunidad científica de la corriente dominante?

La posición de la SEHN ha sido definida de la mejor manera por su director científico, Ted Schettler, un médico. Antes de unirse a la SEHN, Schettler, junto con varios coautores publicó GENERATIONS AT RISK: REPRODUCTIVE HEALTH AND THE ENVIRONMENT ("GENERACIONES EN PELIGRO: LA SALUD REPRODUCTORA Y EL MEDIO AMBIENTE") (MIT Press, 1999) - una revisión de 230 páginas de datos médicos y científicos que muestra que algunos químicos industriales en el medio ambiente (tales como el plomo, el mercurio, el cadmio, el arsénico, el manganeso, los solventes clorados, algunos pesticidas, los PCB y las dioxinas) pueden y probablemente afectan a los sistemas hormonales de los seres humanos (y de los animales no humanos), provocando o exacerbando enfermedades en algunos de los que están expuestos [1].

En 2000, Schettler y un miembro de la junta de la SEHN, David Wallinga (también médico), junto con otros coautores publicaron un libro más corto titulado: IN HARM'S WAY: TOXIC THREATS TO CHILD DEVELOPMENT ("PELIGRO: AMENAZAS TÓXICAS PARA EL DESARROLLO INFANTIL"). Ese libro concluyó que "las discapacidades del desarrollo neurológico están generalizadas, y las exposiciones químicas son factores importantes que contribuyen a estas condiciones y que pueden evitarse" [2, pág. 117; y ver RACHEL'S #712]. ¿Está esta conclusión justificada por los hechos? Ciertamente parece así. Los estudios científicos de los últimos 100 años de un solo elemento tóxico, el plomo, proporcionan amplia justificación para una declaración como ésa. (Es de hacer notar que las características bloqueadoras hormonales del plomo y de otros 75 químicos ambientales están descritas en tres libros técnicos recientes [3].)

¿Están "la mayoría de los científicos de la industria y de los reguladores del gobierno" en desacuerdo con Ted Schettler y la SEHN? Ni nosotros ni el NEW YORK TIMES tenemos ninguna información confiable acerca de lo que "la mayoría" de los científicos y los reguladores piensan acerca de los bloqueadores hormonales. Yo sospecho que el TIMES simplemente fabricó su conclusión a partir de la nada. (Desafortunadamente, no sería la primera vez que el TIMES hiciera algo así para menospreciar los peligros a la salud por los químicos industriales. Ver, por ejemplo, RACHEL'S #346 y #486.)

Aun así, la acusación contra la SEHN justifica un nuevo vistazo. Decidí investigar el estado científico actual de la idea de que los químicos pueden afectar a las hormonas. Para hacer esto, escogí una revista científica contundente que frecuentemente trae artículos sobre los efectos de los químicos ambientales sobre los animales silvestres y los seres humanos. Luego pasé una semana agotadora leyendo cada uno de los estudios sobre los químicos y la salud en los últimos 24 ejemplares mensuales. La revista que escogí fue ENVIRONMENTAL HEALTH PERSPECTIVES (EHP), la cual es publicada por el Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental, (National Institute of Environmental Health Sciences) del gobierno federal, una sección de los Institutos Nacionales de la Salud (National Institutes of Health). La junta editorial de EHP está compuesta principalmente de científicos académicos pero también incluye representantes de la firma Dow Chemical Company, la compañía farmacéutica Schering Plough y el Instituto de Toxicología de la Industria Química (Chemical Industry Institute of Toxicology, CIIT). Podemos pensar en el CIIT como el brazo investigador de la industria química estadounidense.

Por supuesto que no comencé a trabajar en completa ignorancia. He venido reportando sobre los bloqueadores ambientales de hormonas desde 1991 (ver RACHEL'S #263). Pero tengo que decirles que no estaba preparado para lo que encontré. Voy a resumir los estudios recientes de los bloqueadores hormonales publicados en EHP, pero primero daré algunos antecedentes sobre este problema:

En 1991, unas dos docenas de científicos de media docena de países publicaron un documento consenso que se conoció como la Declaración Wingspread. (Ver RACHEL'S #263.) Decía, en parte:

"Estamos seguros de lo siguiente:

Un gran número de químicos fabricados por el ser humano que han sido liberados en el medio ambiente, así como también unos pocos químicos naturales, tienen el potencial de bloquear el sistema endocrino [hormonal] de los animales, incluyendo los seres humanos. Entre ellos están los compuestos organohalogenados persistentes, que se bioacumulan, que incluyen algunos pesticidas (fungicidas, herbicidas e insecticidas) y químicos industriales, otros productos sintéticos y algunos metales.

Muchas poblaciones de animales silvestres ya se encuentran afectadas por estos compuestos. Los impactos incluyen la disfunción [daños o funcionamiento anormal] de la tiroides en aves y peces; la disminución de la fertilidad en aves, peces, mariscos y mamíferos; el menor éxito en la incubación en aves, peces y tortugas; las deformaciones de nacimiento exageradas en aves, peces y tortugas; las anomalías metabólicas [anomalías o disminución en el uso de la energía, en la formación de tejidos o en el manejo de los desechos resultantes] en aves, peces y mamíferos; la conducta anormal en las aves; el desmasculinismo y la feminización de peces machos, aves machos y mamíferos machos; la desfeminización y el masculinismo de peces hembras y aves hembras; y los sistemas inmunes comprometidos [dañados] en aves y mamíferos.

Las pautas de los efectos varían entre las especies y entre los compuestos. Sin embargo pueden establecerse cuatro puntos generales: (1) los químicos de interés pudieran tener efectos completamente diferentes sobre el embrión, el feto, o los organismos perinatales ["cerca del momento del nacimiento", desde la semana 28 del embarazo hasta la primera semana de vida, en los seres humanos] en comparación con el adulto; (2) los efectos se manifiestan más frecuentemente en los hijos, no en el padre expuesto; (3) el momento de la exposición en el organismo en desarrollo es crucial para determinar su carácter y potencial futuro; y (4) aunque la exposición crítica ocurre durante el desarrollo embrionario [desde la concepción hasta el final del segundo mes de embarazo], las manifestaciones [efectos] obvias pueden no aparecer sino hasta la madurez.

Estudios de laboratorio corroboran el desarrollo sexual anormal observado en el campo y proporcionan mecanismos biológicos para explicar las observaciones en animales silvestres.

Los seres humanos también han sido afectados por compuestos de esta naturaleza. Los efectos del DES (dietilestilbestrol), un agente terapéutico sintético, como muchos de los compuestos mencionados son estrogénicos [actúan como el estrógeno, la hormona sexual femenina]. Las hijas de madres que tomaron DES tienen ahora un aumento en la frecuencia del adenocarcinoma de células claras [cáncer], diversas anomalías del tracto genital, embarazos anormales y algunos cambios en la respuesta inmune. Tanto los hijos como las hijas expuestos 'in utero' [mientras están en el útero] experimentan anomalías congénitas del sistema reproductivo y reducción de la fertilidad. Los efectos vistos en los seres humanos expuestos a DES 'in utero' son análogos a aquellos encontrados en los animales silvestres contaminados y en animales de laboratorio, lo que sugiere que los seres humanos corren el riesgo de sufrir los mismos efectos que los animales silvestres debido a los peligros ambientales". La Declaración Wingspread continúa, pero esos eran los puntos claves.

El mensaje principal de la Declaración Wingspread -que los químicos industriales pueden afectar a las hormonas y de esta manera perjudicar a los animales y los seres humanos- no era algo completamente nuevo en 1991. En 1950, los investigadores habían demostrado que el pesticida DDT podía reducir dramáticamente los testículos de los gallos, obviamente afectando su testosterona (hormona sexual masculina) normal [4]. A principios de la década de 1970, los investigadores descubrieron para su horror que "las exposiciones ocupacionales a los pesticidas podían reducir o destruir la fertilidad de los trabajadores" [EHP Vol. 108, No. 9 (septiembre, 2000), págs. 803-813]. En 1980 se acuñó el término "estrógenos ambientales" para describir los químicos industriales encontrados en el medio ambiente que se comportaban como la hormona sexual femenina, estrógeno [5].

Lo que hizo la Declaración Wingspread de 1991 fue hacer evidente un patrón mundial no reconocido de los daños de los bloqueadores químicos endocrinos, principalmente en los animales silvestres, pero también verosímil en los seres humanos. El siguiente año, Theo Colborn, que había convocado el encuentro original de Wingspread, publicó un volumen de evidencias científicas apoyando las conclusiones de Wingspread [6]. Con el paso del tiempo, estos hallazgos electrizaron a la comunidad científica, persuadiendo a miles de investigadores a buscar efectos similares en los animales silvestres, los animales de laboratorio y los seres humanos en todo el mundo.

En 1995 Theo Colborn, J.P Myers y Dianne Dumanoski publicaron OUR STOLEN FUTURE ("NUESTRO FUTURO ROBADO"), un tratado científico sobre las hormonas escrito como una historia de misterio para llegar a un gran público. OUR STOLEN FUTURE despertó a la comunidad ambientalista y concentró una enorme atención de los medios de comunicación en este problema que comenzaba. El sitio en el Internet http://www.ourstolenfuture.org sigue siendo el mejor lugar para enterarse de los últimos estudios sobre los bloqueadores hormonales. Debido a que era científicamente sólido y sin embargo de fácil lectura por el público general, OUR STOLEN FUTURE llevó a la industria química a un frenesí de negaciones y represalias. La industria contrató perros de ataque de relaciones públicas, dirigidos a destruir las reputaciones de Colborn, Myers y Dumanoski, y la escritora de ciencia del NY TIMES Gina Kolata comenzó a ladrar y gruñir con los mejores de ellos (ver RACHEL'S #486).

Ahora, 11 años después de la Declaración Wingspread, ¿son estas ideas ridiculizadas, desacreditadas, o simplemente ignoradas por los científicos que publican en EHP? ¿Ha perdido la comunidad científica el interés en los "bloqueadores endocrinos" o continúa este problema siendo tomado en serio? A manera de respuestas a estas preguntas, he aquí algunas declaraciones generales de EHP:

"Los bloqueadores químicos endocrinos están entre las amenazas ambientales más complejas conocidas hoy en día. Al imitar hormonas naturales tales como el estrógeno y la testosterona, estos químicos pueden interaccionar con el sistema endocrino del cuerpo y tener efectos tóxicos que pueden conducir a anomalías en la reproducción y el desarrollo o al cáncer" [EHP Vol. 109, No. 9 (septiembre 2001), pág. A420].

"El organismo en desarrollo es sumamente sensible a las alteraciones de las funciones hormonales. En la primera fase del estado embrionario, las gónadas de los varones y las hembras humanos son morfológicamente [físicamente] idénticas. La diferenciación sexual [que sucede cuando un feto se convierte en un niño o una niña] comienza bajo la influencia hormonal durante las semanas quinta y sexta del desarrollo fetal, y por ello la alteración de la función hormonal durante este período altamente sensible puede tener consecuencias profundas, frecuentemente debilitantes. El equilibrio de estrógenos y andrógenos [hormonas masculinas] es crítico para el desarrollo, el crecimiento y el funcionamiento normales del sistema reproductor. Aunque es especialmente importante durante el desarrollo, este equilibrio es importante durante toda la vida para la preservación de las características femeninas o masculinas normales.

"Un número de químicos ambientales tienen actividades que imitan o alteran las hormonas esteroides sexuales normales. El feto es especialmente vulnerable debido a que este es el período en el cual se desarrollan los órganos. Si se altera el equilibrio normal entre los estrógenos y los andrógenos, el resultado puede ser la feminización de los machos, la masculinización de las hembras, los defectos de nacimiento de los órganos reproductores, la reducción de la fertilidad y la alteración de la expresión de las características normales de la personalidad femenina o masculina, probablemente incluyendo la preferencia sexual" [7].

Continuará.

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[1] Ted Schettler, Gina Solomon, Maria Valenti y Annette Huddle, GENERATIONS AT RISK: REPRODUCTIVE HEALTH AND THE ENVIRONMENT (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1999). ISBN 0-262-19413-9.

[2] Ted Schettler, Jill Stein, Fay Reich, Maria Valenti y David Wallinga, IN HARM'S WAY: TOXIC THREATS TO CHILD DEVELOPMENT (Cambridge, Mass.: Greater Boston Physicians for Social Responsibility [GBPSR], May 2000). Disponible en el Internet en http://www.igc.org/psr/ihwrept/ihwcomplete.pdf o en papel a través de GBPSR en Cambridge, Mass.; teléfono 617-497-7440.

[3] Ver, por ejemplo, Lawrence H. Keith, editor, ENVIRONMENTAL ENDOCRINE DISRUPTORS: A HANDBOOK OF PROPERTY DATA (New York: Wiley, 1997; ISBN 0471191264). Ver también M. Metzler, editor, ENDOCRINE DISRUPTORS; THE HANDBOOK OF ENVIRONMENTAL CHEMISTRY VOL. 3 (New York: Springer-Verlag, 2002; ISBN 3540422803); y Louis Guillette, Jr. y D. Andrew Crain, ENVIROMENTAL ENDOCRINE DISRUPTERS; AN EVOLUTIONARY PERSPECTIVE (New York: Taylor & Francis, 2000; ISBN 1560325712).

[4] H. Burlington y V.F. Lindeman, "Effect of DDT on testes and secondary sex characteristics of white leghorn cockerels," PROCEEDINGS OF THE SOCIETY FOR EXPERIMENTAL BIOLOGY AND MEDICINE Vol. 74 (1950), págs. 48-51.

[5] Sheldon Krimsky, "An Epistemological Inquiry into the Endocrine Disruptor Thesis," ANNALS OF THE NEW YORK ACADEMY OF SCIENCES Vol. 948 (Dec., 2001), págs. 130-142.

[6] Theo Colborn y Coralie Clement, editores, CHEMICALLY-INDUCED ALTERATIONS IN SEXUAL AND FUNCTIONAL DEVELOPMENT: THE WILDLIFE/HUMAN CONNECTION [Advances in Modern Environmental Toxicology Vol. XXI] (Princeton, N.J.: Princeton Scientific Publishing Co., 1992).

[7] EHP Vol. 110 Supplement 1 (February, 2002), pág. 27.




 

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