Salud y Medio Ambiente


 

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#752 - Lo Último En La Ciencia De Las Hormonas, Parte 3, September 19, 2002

  

En esta serie nos estamos preguntando si los científicos de la corriente dominante aún piensan que los químicos industriales liberados en el medio ambiente pueden afectar las hormonas de los animales silvestres y los seres humanos, causando daños generalizados. El diario NEW YORK TIMES dijo en agosto que la mayoría de los científicos no piensa eso. (Ver RACHEL'S #750, #751.) Hemos intentado responder la pregunta estudiando los 24 ejemplares más recientes de ENVIRONMENTAL HEALTH PERSPECTIVES (EHP), una revista de revisión crítica publicada mensualmente por el organismo federal de los Institutos Nacionales de la Salud.

En RACHEL'S #751 reportamos acerca de siete estudios que relacionan los químicos bloqueadores de hormonas con ciertas enfermedades humanas. Esta semana continuamos reportando sobre estudios humanos y luego consideramos estudios en animales (animales silvestres y animales de laboratorio).

** La exposición ambiental ("normal" o diaria) de los niños holandeses sanos en edad preescolar a los PCB y las dioxinas (químicos potentes bloqueadores de hormonas) a través de la leche materna está relacionada con la disminución de la cantidad de células del sistema inmune y con el aumento de infecciones del oído medio, tos y congestión del pecho, persistiendo por lo menos hasta la edad de 42 meses. Previamente se habían observado daños al sistema inmune en animales de laboratorio expuestos a PCB y dioxinas en la dieta (ver RACHEL'S #414).

(Las dioxinas son químicos extremadamente tóxicos que se originan como subproductos de muchos procesos industriales como la incineración, donde el cloro se combina con el carbono a altas temperaturas. Los PCB son químicos industriales parecidos a la dioxina manufacturados por Monsanto entre 1929 y 1976, y que ahora se encuentran en casi todas partes del planeta. Ver RACHEL'S #237.)

Un estudio anterior de niños inuit encontró un aumento en otitis media (infecciones de oído) entre los niños expuestos a químicos clorados bloqueadores de hormonas a través de la leche de sus madres. Los inuit viven en la zona más meridional del planeta, lo más lejos que puede llegarse de fuentes industriales, pero, a medida que pasa el tiempo, muchos químicos organoclorados marchan continuamente hacia el norte debido a que las temperaturas frías los "destilan" fuera de la atmósfera. (Este proceso de destilación fue descrito de manera elocuente en el libro OUR STOLEN FUTURE ["NUESTRO FUTURO ROBADO"] -ver RACHEL'S #486 y ver www.ourstolenfuture.org.)

Los autores del estudio holandés señalaron que la respuesta apropiada a sus hallazgos sería reducir la descarga de químicos bloqueadores de hormonas en el medio ambiente, no restringir el amamantamiento. EHP Vol. 108, No. 12 (diciembre 2000), págs. 1203-1207.

** Un estudio piloto de 29 hombres en Massachusetts mostró una relación entre los niveles de PCB y DDE en la sangre y la reducción en la cuenta espermática, la reducción en la motilidad (capacidad para moverse) de los espermatozoides y la forma de los espermatozoides. (El DDE es un subproducto de la descomposición del pesticida DDT.) Basado en los hallazgos del estudio piloto, se ha iniciado un estudio más grande. EHP Vol. 110, No. 3 (marzo 2002), págs. 229-233.

En 1992, un análisis de 62 estudios publicados reportó que hoy en día los hombres estadounidenses producen sólo la mitad de los espermatozoides que producían sus abuelos. En 1997, un nuevo análisis de los 62 estudios originales, usando una técnica estadística diferente, confirmó el hallazgo -50% de pérdida promedio de espermatozoides entre los hombres estadounidenses y europeos/australianos de 1938 a 1990, aunque no se observó una disminución evidente entre los hombres no occidentales. Dentro de los EE.UU. existen variaciones regionales, pero la disminución promedio es de 50% en toda la nación.

Ahora se ha publicado un tercer análisis, el cual incluye 47 estudios adicionales en inglés y extiende ligeramente el intervalo de tiempo desde 1934 hasta 1996. El hallazgo fundamental sigue siendo el mismo: una reducción de 50% en la cuenta espermática entre los hombres estadounidenses y europeos/australianos, pero no entre los hombres no occidentales. EHP Vol. 108, No. 10 (octubre 2000), págs. 961-966.

** Un nuevo estudio muestra que el plasticizador común DEHP [Di(2- etilhexil) ftalato], bloquea la acción normal de la hormona sexual masculina (andrógeno) y afecta el crecimiento normal del pene, los testículos, la próstata y los tubos seminíferos (vesículas seminales) en las ratas machos. (Un plasticizador es un químico añadido a los plásticos duros, como el vinilo o el PVC [cloruro de polivinilo, por sus siglas en inglés] para suavizarlos.) Además, el DEHP causó malformaciones en los penes e hizo que las ratas machos perdieran el interés en la ratas hembras. Los autores reportan que, a dosis menores que las usadas en este estudio, el DEHP redujo el tamaño de los testículos de las ratas. Los autores concluyen: "Estos resultados implican que el consumo diario aceptable de DEHP es de sólo 3 microgramos de DEHP por kilogramo de peso corporal por día". También reportan que la exposición típica al DEHP en los EE.UU. oscila entre 4 microgramos a 30 microgramos por kilogramo de peso corporal por día. Así, las exposiciones humanas típicas en los EE.UU. exceden con mucho el nivel de DEHP que se pensaba seguro. Los autores también señalan que el DEHP puede producir efectos aditivos cuando se suma a otros químicos que se comportan de una forma similar. EHP Vol. 109, No. 3 (marzo 2001), págs. 229-237.

** Los gases de escape de combustible diesel son una mezcla compleja de hidrocarburos y metales. En ratas jóvenes, se ha demostrado que la exposición a los gases de escape de diesel reduce los niveles de ciertas hormonas en la sangre y disminuye la producción de espermatozoides. Un nuevo estudio expuso a 90 ratas hembras (72 preñadas, 18 no preñadas) a gases de escape de diesel durante 13 días (desde el día 7 hasta el día 20 del embarazo). En las crías de las ratas preñadas, el desarrollo de testículos, ovarios y el timo (una parte importante del sistema inmune en mamíferos) estaba "retrasado y perturbado", dicen los autores. Los autores continúan diciendo: "Por primera vez, nuestro estudio proporciona evidencias de que la inhalación de gases de escape de diesel durante el embarazo masculiniza a los fetos mediante la acumulación de testosterona en las ratas madres". Los autores se preguntan qué efectos podrán tener los gases de escape de diesel sobre el sistema inmune más adelante en la vida. (EHP Vol. 109, No. 2 [febrero 2001], págs. 111-119.) Los desórdenes inmunológicos tales como el asma y la diabetes están aumentando rápidamente en las naciones industrializadas.

** Hipospadia es el estancamiento del desarrollo del pene, y se presenta en aproximadamente 1 de cada 125 nacimientos de varones vivos en los EE.UU. Con hipospadia, la abertura normal del pene no se encuentra en la punta sino en la parte inferior, a veces tan atrás como en el escroto. En los casos más extremos, las hipospadias pueden hacer que sea más difícil saber si un bebé recién nacido es un niño o una niña. El problema sólo puede corregirse quirúrgicamente. Se desconoce la causa de las hipospadias.

El descubrimiento importante en 1995, de que algunos químicos ambientales actúan como antiandrógenos [1] -lo que significa que afectan la función normal de las hormonas sexuales masculinas- ha llevado a los investigadores a preguntarse si los antiandrógenos ambientales pueden contribuir a la incidencia de hipospadias.

Cuatro pesticidas (o subproductos de la descomposición de pesticidas) se clasifican ahora como antiandrógenos: el DDE (un subproducto de la descomposición del DDT), la Vinclozolina, la Procimidona y el Linuron. Además de esto, dos ftalatos, ampliamente usados en plásticos y productos para el cuidado personal -el DBP [dibutil ftalato] y el DEHP [Di(2-etilhexil) ftalato]- son antiandrógenos. Y la dioxina y los PCB tienen propiedades antiandrógenas. Se ha demostrado que estos ocho químicos causan hipospadias en animales de laboratorio.

Las hipospadias y otras anomalías genitales fueron reportadas recientemente en visones y nutrias en el río Columbia y entre poblaciones de osos negros y osos polares. A excepción de los osos negros, los cuales no fueron estudiados respecto a los químicos, todos los animales anormales tenían niveles elevados de químicos organoclorados en sus cuerpos. EHP Vol. 109, No. 11 (noviembre 2001), págs. 1175-1183.

** Aunque las descargas de químicos clorados de las fábricas de pulpa (papel) han disminuido substancialmente durante la década pasada con la adopción de sistemas de blanqueamiento sin cloro (especialmente fuera de los EE.UU.), todavía se siguen observando regularmente efectos perjudiciales en los peces río abajo, incluyendo la disminución de los niveles de hormona en la sangre, la maduración tardía, la reducción en el tamaño de las gónadas y la confusión de características sexuales - por ejemplo, hembras que desarrollan aletas anales alargadas características de los machos. Este estudio tomó ventaja de un "experimento natural" -una fábrica de pulpa cerrada durante un lapso de tiempo y que luego volvió a abrir. Los investigadores estudiaron la proporción de anguilas machos y hembras nacidas en las aguas río abajo de las fábricas de pulpa que estaban en funcionamiento y después de que las fábricas cerraron temporalmente. Mientras la fábrica funcionaba, la proporción de sexos resultó significativamente alterada (sólo 42% de machos en lugar del 50% usual) pero volvió a la normalidad cuando la fábrica cerró temporalmente. EHP Vol. 110, No. 8 (agosto 2002), págs. 739-742.

** Las poblaciones de salmón del noroeste de los EE.UU. han venido disminuyendo durante décadas, algunas hasta el punto de que se han extinguido; otras se encuentran en peligro. Este estudio examinó salmones hembras del tramo Hanford del río Columbia y encontró que un sorprendente 84% de ellas tenían un marcador genético que normalmente sólo se encuentra en los salmones machos. El efecto a largo plazo de esta inversión sexual sería la disminución en el número de hembras en cada generación sucesiva, lo que eventualmente llevaría a la extinción de la especie. Los investigadores no saben qué ha causado el cambio sexual en una proporción tan grande de salmones silvestres en el río Columbia. Ellos señalan que se sabe que algunos pesticidas (atrazina, carbofurano, lindano, metil paratión y dieldrina) se comportan como el estrógeno en las truchas arco iris y están presentes en el río Columbia, aunque a niveles considerados demasiado bajos para ocasionar este problema. Así que el misterio continúa sin resolverse. EHP Vol. 109, No. 1 (enero 2001), págs. 67-69.

** Entre los renacuajos machos expuestos al dibutil ftalato (DBP) a niveles bajos, aproximadamente 7% de los machos desarrollaron ovarios, confirmando así estudios previos que muestran que el DBP es un bloqueador hormonal. El DBP se usa ampliamente en las tuberías de PVC. Los autores concluyen que el DBP es "una hormona peligrosa ambientalmente" que afecta el desarrollo de los testículos en los animales machos. EHP Vol. 108, No. 12 (diciembre 2000), págs. 1189-1193.

** Un conteo de ranas toros y ranas verdes en New Hampshire encontró ranas deformes en 13 de los 16 sitios revisados. El examen de los niveles hormonales en las ranas deformes y normales reveló que las ranas normales tienen 3 veces más hormona sexual masculina (andrógeno) en la sangre, comparadas con las ranas deformes. Las ranas normales también tenían tres veces más cantidad de una hormona llamada "hormona liberadora de gonadotropina" (GnRH, por sus siglas en inglés) la cual es producida por el cerebro. Este estudio sugiere que los químicos bloqueadores de hormonas pueden ser una de muchas causas que están produciendo ranas deformes y reducción en las poblaciones de ranas en muchos lugares alrededor del mundo. EHP Vol. 108, No. 11 (noviembre 2000), págs. 1085-1090.

>De este breve estudio de una revista de revisión crítica de los últimos dos años, parece inevitable la conclusión de que los químicos industriales en el medio ambiente pueden y de hecho afectan las hormonas de animales silvestres y seres humanos, causando daños extendidos. Además, resulta evidente que muchos científicos están de acuerdo en que esto es cierto ya que están invirtiendo tiempo de sus vidas investigando estos problemas, en lugar de buscar oportunidades más lucrativas. Desafortunadamente, el alcance completo de estos problemas continúa siendo incierto, y no puede saberse por razones prácticas que se harán evidentes en RACHEL'S #753.

Ahora la pregunta es: "¿Qué significa toda esta información acerca de los trastornos hormonales?" Una persona eminentemente calificada para hacer comentarios sobre esa pregunta es el Dr. J. P. Myers, zoólogo y coautor (junto con Theo Colborn y Dianne Dumanoski) de OUR STOLEN FUTURE ("NUESTRO FUTURO ROBADO"), el libro que llevó los "trastornos hormonales" al tope de la agenda internacional del medio ambiente y la salud. El siguiente ensayo apareció por primera vez en el ejemplar de febrero de 2002 de OUR PLANET, la revista de sustentabilidad ambiental publicada por el Programa Ambiental de las Naciones Unidas. [Ver http://www.ourplanet.com. Nosotros agregamos las notas.]

Bloqueando los mensajes de la vida [Disrupting Life's Messages] por John Peterson Myers*

Está en camino la revolución del entendimiento científico de los impactos de la contaminación sobre la salud. A medida que suceda dicha revolución, probablemente alterará de manera dramática nuestro entendimiento de las consecuencias de los contaminantes en el bienestar humano y requerirá cambios fundamentales en la manera en que se regulan los químicos. La revolución surge de descubrimientos científicos que establecen que muchos químicos, tanto aquellos del mundo natural como también los sintetizados en laboratorios, afectan los sistemas naturales de mensajes químicos que dirigen el desarrollo biológico de plantas y animales, incluyendo los seres humanos.

Virtualmente todo el desarrollo biológico está bajo el control de varios sistemas de mensajes químicos que confieren instrucciones de los genes a sus objetivos, dirigiendo así el desarrollo. Las hormonas, los neurotransmisores y los factores de crecimiento, entre otros, son elementos claves de estos sistemas de mensajes. El éxito de su transmisión de instrucciones genéticas es vital para el desarrollo normal sano, ya que ellos controlan casi todos, si no todos, los aspectos del proceso; desde el sexo de un bebé hasta cuántos dedos tendrá, pasando por si su cerebro será capaz de razonar o si su sistema inmune será capaz de resistir las enfermedades.

Ahora la ciencia ha establecido que una amplia gama de químicos pueden bloquear estos mensajes con base genética sin perjudicar los mismos genes. Gran parte de la atención se ha concentrado en el bloqueo de las señales hormonales, lo que ahora se conoce como "bloqueo endocrino".

Las raíces de la investigación en este campo se remontan a la década de 1930, pero han florecido en los últimos diez años debido a varias inversiones significativas de fondos por los gobiernos europeos, japoneses y norteamericanos. Casi cada semana se publican nuevos resultados. Estos nuevos hallazgos son ricos en detalles y son fascinantes en lo que revelan acerca de los mecanismos biológicos, siendo a veces impresionantes en sus implicaciones.

Por ejemplo, un estudio publicado en julio de 2001 por los Centros Estadounidenses para el Control de Enfermedades (United States Centers for Disease Control) reportó una estrecha relación entre la contaminación por DDT en las madres y la probabilidad de nacimientos prematuros de sus bebés [2]. Usando muestras biológicas acumuladas desde la década de 1960, los autores reportan que sus hallazgos indican que los Estados Unidos sufrieron una epidemia de bebés prematuros durante el apogeo en el uso del DDT, y que este contaminante persistente pudiera haber causado hasta 15 por ciento de la mortalidad infantil en los EE.UU. durante ese lapso.

Pueden identificarse varias tendencias generales importantes en el patrón de los hallazgos de las investigaciones de los miles de estudios sobre trastornos endocrinos publicados desde principios de la década de 1990.

Primero, las investigaciones confirman que la contaminación por compuestos hormonalmente activos es omnipresente a escala global. Nadie está protegido de la exposición, incluso en el útero. Lo mismo es cierto para la mayoría de los organismos vivos, si no para todos, especialmente aquellos que se ubican más alto en las cadenas ecológicas de alimentos y por lo tanto consumen alimentos en los cuales los contaminantes han resultado concentrados por la bioacumulación. En parte, la contaminación está tan generalizada debido a la redistribución global de los contaminantes transportados por medio del aire y el agua. La inclusión inadvertida pero penetrante de compuestos hormonalmente activos en productos de consumo tales como muchos cosméticos y plásticos también contribuye.

Confirmación empírica

Segundo, los efectos de la exposición pueden observarse a niveles dramáticamente menores que aquellos que se pensaba eran relevantes para la salud una década atrás. Los científicos están midiendo los impactos de trastornos endocrinos de contaminantes como el arsénico, la dioxina y el bisfenol A (un componente básico del plástico policarbonado) en cifras bajas de "partes por billón" (en los EE.UU.: 1 'billón'=mil millones). Esto era imposible de medir hace dos décadas (los instrumentos científicos sencillamente no eran tan exactos) y era altamente controversial hasta su reciente revisión y confirmación empírica.

Tercero, los hallazgos indican que casi todos los sistemas de mensajes químicos son vulnerables, en principio, al bloqueo de dichos mensajes. Los trabajos en esta área se concentraron por décadas en cómo resultaba afectado el estrógeno. A medida que el enfoque se ha extendido a otras hormonas, se ha descubierto uno o más contaminantes bloqueadores para cada sistema estudiado minuciosamente, incluyendo el sistema tiroideo (crucial para el desarrollo del cerebro), el sistema retinoide (involucrado en el control básico del desarrollo) y los glucocorticoides (importantes en el metabolismo y la supresión tumoral, entre otras cosas). En el verano de 2001 esta tendencia quedó reforzada dramáticamente por nuevos resultados, con un reporte de que la simbiosis ecológica entre las plantas leguminosas como los frijoles y las bacterias responsables de la fijación del nitrógeno es vulnerable al trastorno por los contaminantes [3]. Esta simbiosis, mediada por la comunicación química entre la planta y las bacterias, es un componente vital del ciclo global del nitrógeno.

Cuarto, los efectos sobre la salud que nos preocupan se han extendido dramáticamente más allá de aquellos abarcados por el enfoque tradicional de la toxicología. Los estudios de laboratorio demuestran inequívocamente que hay efectos sobre la resistencia a las enfermedades, la función cognoscitiva y la fertilidad, que resultan de las exposiciones a bajos niveles.

Estos hallazgos deberían ser de gran preocupación para las personas, las organizaciones y las agencias que se concentran en el desarrollo económico humano y la equidad. Es evidente, por ejemplo, que los niveles ambientales de contaminación pueden volver a los niños menos resistentes a los agentes infecciosos. Más investigaciones en esta área pueden obligar a una nueva evaluación radical de las víctimas de la contaminación, ya que esto implica que muchas muertes y enfermedades hubieran podido evitarse si los contaminantes no hubiesen disminuido la resistencia.

De manera similar, la investigaciones sugieren que la exposición generalizada a contaminantes activos neurológicamente, como pudiera suceder, por ejemplo, en áreas agrícolas del mundo en desarrollo con el uso intensivo de pesticidas, pueden llevar al menoscabo de las capacidades cognoscitivas en toda la comunidad. En un mundo en el que la información es la moneda económica clave, esta carga de contaminación podría desplazar para siempre hacia los márgenes económicos a quienes resulten afectados.

Cambios conceptuales

Estas tendencias emergentes están obligando a los toxicólogos a realizar varios cambios conceptuales que conducirán a cambios fundamentales en las maneras en que se manejan los químicos. La más importante de ellas implica un cambio en la manera en que los toxicólogos piensan acerca de lo que es relevante para la salud humana.

La toxicología tradicional se concentra en los daños, tales como la muerte celular, las mutaciones, el cáncer o la genotoxicidad. El bloqueo de mensajes puede causar todos éstos, pero los efectos también pueden ser de una naturaleza muy distinta pero igualmente importante. El desafío más grande que enfrenta la toxicología tradicional es que el bloqueo de los mensajes no ocurre por el sometimiento de las defensas del cuerpo (o de las células). En lugar de esto, funciona mediante el secuestro del proceso de desarrollo, sumando o restando de los propios mecanismos de control del cuerpo a niveles de exposición sorprendentemente bajos. Al alterar sutilmente (o flagrantemente) la ruta del desarrollo, el bloqueo del mensaje lleva a la víctima a un futuro distinto. La diferencia puede ser pequeña, como la pérdida de unos pocos puntos del coeficiente de inteligencia, o puede ser grande, como un sistema inmune completamente disfuncional.

La toxicología se ha concentrado tradicionalmente en el impacto de los altos niveles de exposición de un pequeño número de personas. Este nuevo enfoque requiere considerar las exposiciones generalizadas de bajo nivel experimentadas por muchas personas -niveles de exposición que muchos han cancelado como "ambientales" y, por deducción, como irrelevantes.

Tomados en conjunto, estos nuevos hallazgos científicos contribuyen a la creciente presión para cambiar las reglas básicas de la regulación química. Una vez más, hemos sido cegados. Nuestra capacidad de sintetizar químicos sobrepasó con mucho nuestro entendimiento científico de sus impactos.

La evaluación tradicional de los riesgos permitía que los químicos fuesen comercializados y distribuidos, causando la contaminación omnipresente. La compañera de la evaluación de los riesgos en el desarrollo de los parámetros de protección es la epidemiología, que por definición funciona sólo después de una epidemia. Incluso entonces, sus herramientas son sorprendentemente insensibles en los estudios de los efectos de los trastornos endocrinos, y están fuertemente parcializadas hacia los resultados negativos incluso cuando hay efectos reales.

La respuesta, aún imperfecta, yace en implementar medidas preventivas que impongan requerimientos mucho más exigentes sobre los productos viejos y nuevos por igual. Como lo ha reconocido el Comité Sueco de Políticas de los Químicos, ciertos atributos deberían ser criterios de eliminación [4]. Los compuestos persistentes que se bioacumulan, por ejemplo, deberían ser eliminados del uso incluso sin demostrar un riesgo toxicológico. Los materiales bloqueadores endocrinos deberían ser eliminados de los productos de consumo y su liberación en el medio ambiente debería ser finalizada. De manera más general, la demostración de los impactos biológicos potencialmente perjudiciales en estudios de laboratorio debería invertir la carga de las pruebas al transformar las regulaciones de aquella en la cual debe demostrarse que existe peligro antes de retirar un producto, a un enfoque en el que se garantice la seguridad más allá de cualquier duda razonable antes de permitirse el despliegue generalizado del producto. Estos pasos ayudarán a asegurar que los beneficios que todos disfrutamos de la química moderna no regresarán para perseguirnos.

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* John Peterson Myers, coautor de OUR STOLEN FUTURE (tapa dura: Dutton, 1996; ISBN 0525939822; edición de bolsillo: Plume, 1997; ISBN 0452274141), es Asesor Adjunto de la Fundación de las Naciones Unidas y Miembro Adjunto del Bienestar Público.

[1] W.R. Kelce y otros, "Persistent DDT metabolite p-p'-DDE is a potent androgen receptor antagonist", NATURE Vol. 375, No. 6532 (1995), págs. 581-585.

[2] M.P. Longnecker, M.A. Klebanoff, H. Zhou, J.W. Brock, "Association between maternal serum concentration of the DDT metabolite DDE and preterm and small-for-gestational-age babies at birth," THE LANCET Vol. 358 (2001), págs. 110-114.

[3] J.E. Fox, M. Starcevic, K.Y. Kow, M.E. Burow y J.A. McLachlan, "Nitrogen fixation: Endocrine disrupters and flavonoid signalling," NATURE Vol. 413 (2001), págs. 128-129.

[4 Las recomendaciones del Comité Sueco de Políticas de los Químicos fueron reportadas en Lotta Fredholm, "Chemical Testing: Sweden to Get Tough on Lingering Compounds," SCIENCE Vol. 290, No. 5497 (Dec. 1, 2000), págs. 1663-1666.

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