LA HECHICERIA: PERECEPCION TRADICIONAL DE SALUD Y ENFERMEDAD EN EL NOROESTE DE AUSTRALIA

Durante la investigación de las pinturas rupestres en la región de Kimberley en el noroccidentte de Australia, se hicieron evidentes vínculos entre el arte antiguo y las creencias y prácticas tradicionales de los cazadores recolectores. Este artículo hace un examen del shamanismo, las percepciones aborígenes de enfermedad y los rituales de curación en el contexto del Tiempo de los Sueños. Durante miles de años existió en Australia un razonamiento holístico según el cual la enfermedad se puede entender como manifestaciones sicosomáticas del control social, "curado" por el grupo para la supervivencia saludable del grupo.

"No puede existir un historial de enfermedades como experiencia, solo puede existir un historial de la medicina, o sea una recopilación de las teorías acerca de la naturaleza de las enfermedades y de las recetas utilizadas en las diferentes épocas para su tratamiento, conjuntamente con un historial de la forma en la que las sociedades organizadas han reaccionado a los problemas de enfermedades dentro de la comunidad". (Huxley, 1980, p. 118).

La compresión de la organización social de un grupo es la clave para explicar la razón de ser detrás de los conceptos que sustenta. Si la enfermedad es vista como una expresión tangible de la disfunción social entonces se conformará la prognosis de manera que se adapte a las necesidades dominantes de los mecanismos de control social que la definen.

La percepción aborigen tradicional de enfermedad era la de una sanción tangible originada a partir de la intervención de "poderosas fuerzas" del Tiempo de los Sueños. El Tiempo de los Sueños brindaba una guía penetrante para la vida, una ley de la vida, un código de conducta que tiene que ser obedecido y que se basa en la relación existente entre cada persona y sus Espíritus Antecesores. Estos Espíritus Antecesores viajaban por la tierra entonando las canciones de la creación, interactuando con el paisaje y con otros seres que dan por resultado la creación de la actual existencia material, mientras dotan algunas creaciones de características antropomórficas, personalidad y poderes especiales. El Sueño puede verse como una mancomunidad de tiempo y espacio presentada a la conciencia de cada adulto individual. Es un conjunto de historia, un esquema social y colectivo de las formas de vivir. El adulto iniciado podía acceder y participar en este sistema utilizando los mapas del conocimiento adquirido en los rituales y ceremonias del Tiempo de los Sueños.

La conciencia cognoscitiva del individuo era controlada a un mecanismo de autorregulación que inducía la enfermedad cuando este contravenía cualquier ley social. La causa de la enfermedad era por consiguiente una declaración del comportamiento social. Como una forma de control social, la enfermedad inhibía el mal proceder dando una fuerte amenaza de castigo que era ineludible (ya que provenía de la propia psiquis del individuo) y socialmente indeseable. De ahí que Philis Kaberry nos cuente que las mujeres aborígenes enfermaban si veían un objeto que era sagrado para los hombres (Kaberry, 1939, p. 250). La implicación de que ciertos alimentos, objetos de comportamiento eran tabú significaba que la vida cotidiana de un individuo era regulada por las creencias que conducían al cumplimiento de la obligación social.

La conducta de un individuo era controlada en un nivel tan profundo que el castigo tomaba por lo general la forma de sufrimiento físico en alguna medida. Esto podía tener lugar cuando las violaciones eran espirituales o sociales. Sin embargo, una explicación única de este proceso es insuficiente. Las distintas obras de Seligman y sus colegas en los años setenta por ejemplo, pudieran generalizarse para permitir una comprensión de estos mecanismos psicosociales. Estos estudios demostraron la capacidad de inducir depresiones severas y potencialmente fatales bajo condiciones experimentales de fuertes tensiones emocionales. Si los resultados de estos estudios se compararan con el carácter de "profecía de autorrealización" de los conceptos aborígenes de enfermedad, pudiera argumentarse que la amenaza de enfermedad (resultante de una conducta desviada) actúa como un inhibidor de dicha conducta. Esto también implicaría que cualquier persona que contravenga sus leyes sociales sería sancionada por su propio sistema biológico en forma de "desamparo mental" (Seligman, 1980).

Las leyes del Tiempo de los Sueños proporcionaron límites para la conducta de manera que la gente estaba segura de cuáles eran sus responsabilidades y limitaciones. Por ejemplo, había reglas en el wunan (intercambio ritual de regalos) relacionadas con la invasión de los territorios de otros grupos, para observar deudas y para mantener el respeto por la tierra (Reid, 1982). Este proceso proporcionaba un sistema de cortesía social obligatoria que reducía los conflictos abiertos. Cuando surgían problemas por lo general se afectaba todo el grupo. De modo que existían otras estrategias que proscribían los procedimientos para reducir al mínimo las desavenencias dentro del grupo y para evitar que cualquier persona recurriera a las prácticas de la hechicería. Esto era llevado a cabo por los miembros del grupo con mayor poder social, los hombres de mayor edad y las mujeres.

Las prácticas hechiceras similares a "afilar los huesos" (Elkin, 1938, 1944) podían identificar malos procedimientos de ciertos individuos cuyas acciones el grupo deseaba sancionar. Después de un despliegue tal de disciplina, el individuo "contaminado" se sometía a la presión del castigo psicológico y moría o buscaba la ayuda de una persona con grandes conocimientos y práctica en la curación y la medicina. Por tanto, si no funcionaba la autorregulación de las conductas inaceptables, caían sobre el individuo las sanciones sociales por hechicería (o acusaciones de hechicería) para reforzar los controles sociales oficiales.

El modelo de enfermedad psicosocial funciona dentro de una apretada red de relaciones humanas donde las personas dependen las unas de las otras para cumplir sus obligaciones. El estilo de vida de cazadores y recolectores estaban constantemente amenazado debido a los rigores del clima que afectaban directamente los recursos económicos. Una gran parte de la supervivencia recaía en la regulación del comportamiento del grupo de modo que los individuos participaran en estrategias ambientalmente estables. La socialización de los jóvenes le proporcionó a todas las personas las normas y valores del grupo en un grado tal que el individuo experimenta la enfermedad como una manifestación psicosomática del control social. En estos términos, la medicina, o las prácticas utilizadas en la curación de los ancianos se pueden ver como los procedimientos para reintegrar al individuo para que acate las normas del grupo y reforzar la importancia y el poder de la ley para el resto de la comunidad.

La "hechicería" tenía lugar cuando el conflicto abierto hubiera resultado peligroso. La propia hechicería es mostrada como sumamente indeseable ya que se practicaba en secreto, y el ocultamiento de las acciones de un individuo implicaba un engaño que era potencialmente destructivo. Por lo tanto las experiencias del Tiempo de los Sueños tendían a insistir en que todos los conflictos se dilucidaran abiertamente para enfrentarlos de una manera socialmente aceptable.

La gente con mayor conocimiento de estas relaciones psicológicas eran los viejos, capaces de curar si se decía que había tenido lugar la hechicería. Estas personas iniciadas en un grado más alto que el resto del grupo eran investidas de conocimientos, poder y estatus. Esto incluía la capacidad para ver fenómenos invisibles y su relación con el mundo espiritual era compleja. El papel de las personas con mayor iniciación en otros aspectos de la organización social debía enfatizarse para establecer las interrelaciones que tenían lugar en cada esfera de la vida religiosa y secular. Estas personas ingeniosas eran utilizadas solamente en casos extremos y sus habilidades eran "caras" tanto literalmente como para el grupo, o sea, los miembros del grupo tenían que tener una experiencia de considerable importancia. Según Cawte, los doctores aborígenes practicaban la "medicina" y el "derecho" juntos. El doctor es, "...un agente del orden social que opera en el contexto de la enfermedad" (Cawte, 1974, p. 24).

En las culturas occidentales, el carácter social de fenómenos tales como la salud y la enfermedad se estudia frecuentemente aislado de los procesos sociológicos de los cuales son esencialmente parte. El "papel del enfermo" se considera ahora un importante elemento social que es manipulado como parte de los procesos de socialización. Por ejemplo, C. H. Berndt analiza los "relatos moralizantes" en la mitología aborigen que se erigieron sobre tres características principales: causa, síntoma y resultado (Berndt y Reid, 1982) para mostrar la conducta y la enfermedad en una relación directa de causa y efecto.

La vida aborigen tradicional acomodaba los aspectos prácticos del orden y la conducta social a la disponibilidad de recursos y demandas económicas. El Sueño era un elemento social que reconciliaba estas necesidades a la ley a los procesos metafísicos que conformaban el equilibrio de la salud. Una parte importante del Sueño era la creencia en el carácter cíclico que se expresaba a través de las revoluciones de la vida, la salud y la enfermedad y la muerte. Esto incluía la perpetuación de estrategias sociales y psicológicas bien adaptadas para armonizar con el entorno físico de la Australia aborigen.

Aunque la generalización de algunos conceptos puede ser útil en las traducciones de informaciones culturales, es esencial estudiar las creencias y prácticas médicas según se originan en las sociedades que las producen. Este estudio de caso ha dado un ejemplo de contexto cultural en el que los conceptos occidentales de medicina resultan inadecuados para explicar la comprensión aborigen de la salud y la enfermedad.

S. A. Fransman y Graham King
 

© Copyright: Derechos Reservados. No parte de esta publicación puede ser reproducida sín la autorización de los autores intelectuales.