EL LENGUAJE MARCIAL EN LA MEDICINA

Barricadas, invasores, contrainteligencia, ataques aéreos y células asesinas –el lenguaje crea la realidad y la realidad crea el lenguaje.  La terminología médica  se está investigando desde este ángulo.  El resultado:  el lenguaje de la medicina es idéntico al lenguaje de un jefe militar.

En la totalidad de la medicina occidental y por consiguiente en la literatura médica, en las escuelas, en la prensa general y por ende en la conciencia de la opinión pública, el sistema inmunológico se ha convertido en el medidor de la salud humana.  Un sistema inmunológico saludable y fuerte protege a la persona de los invasores externos y lo mantiene bien.  Su tarea es eliminar o destruir todas las sustancias hostiles o extrañas.  De otro modo estas sustancias pudieran destruir el sistema inmunológico  o el organismo imposibilitándolos de funcionar adecuadamente  llegando incluso a destruirlos.

El sistema inmunológico es visto como “las fuerzas armadas del cuerpo” y se compara con un ejército sin jefe.  Esta afirmación ilustra la dicotomía de esta ideología: un ejército tiene siempre una estructura jerárquica y no puede reaccionar o combatir sin un jefe.  “El sistema inmunológico contiene un arsenal de sustancias químicas y células que utilizan distintas estrategias para combatir una amplia gama de enemigos.  Algunos de estos especialistas en la defensa atacan cualquier cosa mientras que otros se especializan en ciertos objetivos”.  La profundización en el sistema inmunológico es nueva y en la actualidad sabemos que  tenemos “un ejército de inspectores, agentes de inteligencia, correos y otros que sólo se suscriben a una tarea: defender el ‘yo’ –aquellos componentes del cuerpo que el sistema inmunológico reconoce que existen de forma natural en el cuerpo”.  (Time Life)  Este modo de expresión es casi idéntico al de un Ministro de Defensa, cuyo país está en guerra, describiendo la organización de la defensa militar de su país.  “Además de exploradores y soldados, las fuerzas armadas del cuerpo humano incluyen ventenas de  células que tienen la tarea de recordar las batallas del pasado con el fin de llamar a la carga en caso de que regrese un antiguo enemigo”.  El cuerpo “está dotado de un marcador que indica amigo o enemigo” y por consiguiente decide lo que hay que atacar y lo que no hay que atacar.

La primera “línea de defensa” son las “barreras” que evitan que los “potenciales invasores” y “sustancias extrañas” entren al cuerpo:  “El blindaje real del cuerpo es la piel que es una barrera impenetrable para numerosos tipos de invasiones”.  Las “barreras” del cuerpo emplean “distintas técnicas de protección y cooperan con los agentes de la inteligencia”.  En las páginas que siguen se describen las “técnicas de defensa” como “eficaces barricadas”.  “La primera línea de defensa no sólo obstaculiza el camino hacia el cuerpo a los invasores, sino también garantiza que los agentes causantes de enfermedades sean destruidos o eliminados”.

Los fagocitos, una subclase de los glóbulos blancos y a los que generalmente se les conoce como  la policía del cuerpo, aquí se les denomina “los voraces guardaespaldas” que  “lo mantienen todo en orden, atacan y destruyen a los invasores, solicitan ayuda y eliminan los restos.  Su forma de eliminar a los intrusos es simple, pero drástica:  Los devoran”.  Pero los glóbulos blancos sólo pueden devorar bacterias y no virus, del tamaño de una fracción de milímetro que no pueden verse con un microscopio convencional.  Los glóbulos blancos, leucocitos, están “equipados para actuar como patrullas en el combate”.

El timo es visto como el centro de entrenamiento donde las células T inmaduras realizan ejercicios para madurar y cumplir su tarea en la defensa del cuerpo.  Estas “células inmaduras del sistema inmunológico” se entrenan para convertirse en las células T necesarias para la defensa y posteriormente se utilizan como “armas” principales del sistema inmunológico para destruir a los “atacantes”.  Además, existen las células B que forman parte de las armas defensivas más versátiles del sistema inmunológico.  Su poder de ataque se basa en las proteínas en forma de y en la superficie de la célula, llamadas receptoras.  Con su ayuda las células pueden reconocer a una amplia gama de enemigos”.  La detección de un “enemigo” desencadena la producción masiva de  anticuerpos en las células B.  “Un atacantes que penetre a través de la piel es recibido por un anticuerpo; ambos se combinan para producir el denominado complejo antígeno-anticuerpo”.  Este finalmente desencadena una serie de reacciones moleculares que tienen varias funciones importantes.  La más importante es el “reclutamiento” de los voraces glóbulos blancos que devoran las sustancias extrañas atacantes (antígenos).  Por ejemplo, Time Life describe en 95 páginas en los capítulos titulados “Viejo enemigo, nuevas armas”, “Células asesinas triunfantes”, “Barricada eficaz”, “Preparado para la batalla”, “Ejercicios fuertes para las células jóvenes”, “Defensa inteligente”, “El poder de ataque de las células B”, “Llamado a las armas”, “Alerta roja”, “Por la senda de los anarquistas”, “Una célula desertora”, “Estrategia del enmascaramiento y el engaño”, “Células de refuerzo”, “Ataque en dos frentes”, “Defensa contra ataques aéreos”, como las diferentes partes del cuerpo se defienden contra los “atacantes” externos y las estrategias que emplean en el curso de esta defensa.

Lamentablemente, Time Life –por cierto un libro muy bien escrito- no es la excepción ignominiosa, sino sólo un primer ejemplo del empleo general del lenguaje marcial en la medicina occidental.  En libros de texto también se utiliza el lenguaje bélico: Atlas de anatomía (1994), Enciclopedia del cuerpo humano (1992) habla del “mecanismo de defensa del cuerpo” y  de la “invasión bacteriana”.  También el Atlas de fisiología (1996) menciona los constantes “peligros para el cuerpo debido a los microbios infecciosos en el ambiente” contra los cuales el cuerpo tiene que defenderse a sí mismo y volverse inmune a los mismos a fin de mantenerse saludable.  A esto le siguen numerosas páginas que describen las estrategias de defensa del cuerpo.  El lenguaje y el contenido de todos estos libros son  casi idénticos.

Todos estos textos se relacionan con la conquista y por tanto la destrucción de un enemigo externo.  El término conquista siempre implica que una de las partes involucradas será derrotada en la batalla. En el lenguaje militar el término conquista sólo puede referirse a la victoria en la guerra, mientras que en el lenguaje más general,  la victoria puede ser un proceso más equitativo en el que dos  o más partes  pueden realmente vencer y donde la destrucción total del oponente no es necesariamente el objetivo.

La experiencia cotidiana en los hospitales y la forma en que la gente es tratada refleja la imagen que tienen los médicos de las personas y el cuerpo humano.  El personal de enfermería se familiariza mucho con expresiones idiomáticas como “noquear” a un paciente intranquilo con sedantes para mantenerlo tranquilo.  Los periódicos, las revistas y la televisión informan regularmente sobre la insatisfacción y el desamparo de las personas cuando están enfermas y especialmente si se encuentran hospitalizados.  El público en general pierde cada vez más la confianza en la medicina, particularmente en los médicos.  Por lo general, el uso creciente de la tecnología y por ende la deshumanización es considerado el responsable.  Pero nunca se hace referencia al lenguaje y a la conciencia subyacente de la medicina moderna como tal.

El lenguaje de la medicina describe la batalla diaria que tiene que librar y ganar  el cuerpo en los campos de batalla de la vida cotidiana.  La línea de pensamiento detrás de esto es idéntica a la mentalidad de un jefe militar –combatir, vencer y conquistar- de  acuerdo con el lema de Cesar “Veni, vedi, vici”.  Demuestra también la arrogancia de la humanidad que piensa todavía que somos los escogidos de la creación y por tanto superiores a otros seres vivientes.

Partamos del presupuesto que el lenguaje crea la realidad y llevemos esto aún más lejos suponiendo que en el nivel más profundo el pensamiento crea el lenguaje.  De esto se deriva que la prioridad debe ser atacar el problema desde su raíz y no en sus manifestaciones, o sea, la tecnología.  El lenguaje sí crea la realidad y un lenguaje en desarrollo refleja pensamientos y por tanto formas de conciencia.  Por otra parte,  el nacer de una lengua materna crea patrones de pensamiento que determinan como percibimos nuestro medio.  El cambio comienza con el cambio de percepción que es seguido por un cambio en el lenguaje.  Se requiere un nuevo tipo de ilustración para cambiar la conciencia de los profesores, estudiantes y médicos de la rama de la medicina y simultáneamente cambiar la conciencia de la opinión pública en general.  Esto fortalecerá también la  conciencia cambiante que le permitirá a la gente insistir en sus necesidades e intereses en el “campo de batalla” llamado hospital.

También los enfoques alternativos, como por ejemplo el de Thorwald Detlefsen cuyos libros y teorías son ampliamente conocidos, son atrapados en la trampa de su cultura e inconsciencia.  En su libro Krankheit als Weg (La enfermedad como un sendero), él describe por ejemplo las causas de la alergia, que es una de las enfermedades más difundidas (aproximadamente el 70% de las personas padecen de alergias):  “La alergia... es una sobre reacción excesiva a una sustancia identificada como extraña.  En términos de la capacidad de supervivencia del cuerpo, la defensa del cuerpo es legítima.  El sistema inmunológico produce anticuerpos contra los alérgenos  y es por tanto –desde el punto de vista del cuerpo- una defensa sensible contra los intrusos enemigos.  En el caso de una persona alérgica esta defensa fundamentalmente sensible se exagera muy desproporcionalmente.  Este acumula una gran cantidad de armas y extiende su concepto de enemigo a más áreas.  Son cada vez más las sustancias declaradas enemigas y más las armas que se producen para combatir a estos múltiples enemigos.  Pero justamente igual que  un proceso de rearme en el campo  militar es una señal de fuerte agresividad, la alergia es una expresión de fuertes defensas y agresividad contenidas en el cuerpo...  En el caso de la alergia, la agresión se ha introducido en el cuerpo donde trabaja arduamente: Puede defender y atacar, combatir y conquistar a sus anchas.  Para que esta ocupación, de la cual disfruta, no tenga que detenerse debido a la falta de enemigos, objetos inofensivos son declarados enemigos:  el polen, los pelos de gato y de caballo, el polvo...  Sí, la persona que padece de alergia encuentra un campo de actividad bien enmascarado para realizar inadvertidamente sus agresiones reprimidas en esta tiranía sobre el medio...  Por lo tanto,  no resulta sorprendente que en algunos casos la alergia puede agravarse para convertirse en una enfermedad autoinmune (autoagresión) que amenaza la vida en la que el cuerpo, ¡ay de él!, libra feroces batallas hasta perecer.  Y finalmente, todas las defensas, interrelaciones y aislamientos pueden lograr su más alta forma de realización en el féretro –una cámara verdaderamente libre de alergenos... ”

Este texto tampoco es una excepción, su contenido es sintomático para los enfoques sicosomáticos.   Sólo que ahora se explica el concepto de enemigo y lenguaje bélico en términos sicológicos, y por tanto se refina. La comprensión implícita de enfermedad como enemigo propiamente dicho permanece inalterable.  Este enfoque más refinado crea un campo de energía todavía menos transparente para la persona involucrada lo que le hace aún más difícil liberarse de las trampas hábilmente urdidas para poder encontrar su propio camino.

Aunque la correlación entre conciencia, formas de vida y enfermedad está siendo reconocida ahora en la inmunología neuropsíquica y ha conducido al surgimiento de esta nueva disciplina, y a pesar de la percepción de los científicos norteamericanos que estudian el comportamiento de que “el lenguaje crea la realidad” que se esta discutiendo y analizando en los programas de salud a cerca del lenguaje utilizado al referirse a pacientes gravemente enfermos para evitar expresiones negativas con relación al paciente o su enfermedad, el lenguaje es todavía la realidad cotidiana en nuestro hospitales y quirófanos.

Sin embargo esta realización no se aplica en lo más mínimo a la cuestión del  “lenguaje en la medicina” y la realidad que este lenguaje crea en la conciencia del público en general y particularmente en el médico que lo utiliza diariamente en quirófanos y hospitales.  Varios estudios en universidades norteamericanas analizan la cuestión de la actitud fundamental pesimista versus la optimista que puede aumentar o combatir la enfermedad y la actitud fundamental del “desamparo consciente”, un comportamiento con claras consecuencias psicológicas sobre el sistema inmunológico.  “El desamparo consciente ejerce un efecto sobre el nivel celular y hace que el sistema inmunológico sea más fácil”.  Por lo tanto estas personas son mucho más propensas a las enfermedades mientras que las personas optimistas no buscan “refugiarse en el desamparo”.  Varias instituciones en los Estados Unidos han desarrollado programas de entrenamiento para que las personas pesimistas asuman una actitud optimista.

Muchos libros y estudios médicos tratan el problema de la docilidad y la cooperación del paciente y existen informes de una disminución de la docilidad en todos los lugares del mundo.  En un nivel inmediato esto indica una perdida general de la confianza en la capacidad de los médicos y sus métodos.  Pero en un nivel más profundo esto significa que las estructuras de conciencia de los médicos y pacientes divergen ampliamente entre sí.  Los pacientes buscan cada vez más los métodos alternativos, esperando encontrar un enfoque de tratamiento más tolerante y amistoso.

Esta contradicción es en realidad unos de los problemas filosóficos fundamentales de nuestra sociedad: refleja la contradicción interna entre la enfermedad y la salud, nuestra diferenciación entre sujeto (interno) y objeto (externo) y entre sujeto (mente y raciocinio) y objeto (cuerpo) entre lo interno y lo externo.  He analizado este punto profundamente en mi artículo “la filosofía de la enfermedad” y en él hago referencia a las correlaciones históricas de su origen.

Aún cuando las terapias alternativas ofrecen un enfoque de tratamiento más paciente y amistoso en su actitud fundamental respecto a la enfermedad y a su comprensión como un enemigo externo, estas no difieren en lo esencial de la medicina convencional.  El paciente esta siendo tratado de una forma más amistosa  y en un sentido holístico de manera más integral y para esto se tienen en cuenta diferentes enfoques de varias disciplinas.  Pero el pensamiento diagnóstico  prevalece también entre los que practican los métodos alternativos y por lo general se entiende de la misma forma lineal que en la medicina clásica.

Este desarrollo histórico de nuestra relación entre salud y enfermedad ha sido descrito con profundidad en mi artículo sobre la filosofía de la enfermedad.  Otro factor histórico en las ciencias de la vida ha contribuido al surgimiento del enfoque marcial en la medicina moderna.  Hace ciento cuarenta años dos científicos franceses investigaban la causa de la fermentación.  Los resultados de esta investigación condujeron a la teoría de las bacterias como  causantes de la fermentación y la enfermedad.  (La doctora Heidi Kölle analizó esta cuestión profundamente en un artículo publicado en espacio time 3/96).  Louis Pasteur, químico y físico (1822 – 1895) – uno de los dos investigadores- encontró que los microorganismos transportados por el aire (posteriormente denominados bacterias) causaban la fermentación y cumplían otras importantes funciones y tareas biológicas.

Su colega Bechamp estuvo de acuerdo en que las microcimasas y sus formas  y sus formas evolucionadas (las bacterias son liberadas al aire durante la descomposición de la materia vegetal y animal.  Según Bechamp estas microcimasas o células granulares inician la fermentación y se desarrollan continuamente hasta convertirse en bacterias.  Si el tejido es sano fomentan la vida y la integridad de las células, pero si las células están dañadas producen microcimasas enfermas  que después se transforman en bacterias enfermas. El demostró que las bacterias pueden crecer en medios de cultivos muy diferentes y cambiar su forma y funciones para ajustarse a los diferentes medios.  Por tanto las bacterias reflejan las condiciones a las que son expuestas.

La principal diferencia entre estos dos investigadores es que Pasteur enseñó que las bacterias son el agente causante de las enfermedades, mientras que Bechamp enseñó que las bacterias son creadas por las enfermedades.  Pasteur tuvo una gran influencia y debido a las simplificaciones de sus teorías estas fueron rápidamente aceptadas y diseminadas, Pasteur no era biólogo y no tenía grandes conocimientos a cerca de los procesos de la vida.  Le aterraban las infecciones y creía en la agresividad de las bacterias.  Se acepto la idea de que las bacterias nos atacan y conducen a la destrucción de nuestra salud.

Cien años después de la muerte de Pasteur su último descendiente varón dio permiso para que se publicaran sus libretas de apuntes.  Después de años de investigación de sus más de cien libretas de apuntes se detectaron muchas irregularidades y métodos no científicos.  Pasteur cayó víctima del mismo error que otros muchos científicos: que cuando tenían una idea que les gustaba todos sus experimentos se basaban en demostrarla y la información contradictoria era ignorada y desechada.  Pero Pasteur no fue el único científico que mintió en nombre de la verdad, confundiendo al mundo entero.  En su libro Der große Schwindel  (El gran fraude) Fredericco Di Trocchio expuso muchas mentiras de Ptolemeo, Galilei, Newton, Mendel y otros grandes científicos.  Según un artículo publicado en la revista alemana Focus, “Lug und Trug mit Doktorhut” (Mentiras y engaños con bata de médico), esta parece haber sido una práctica común de muchos “grandes” científicos.

Cynthia Couroyer, una investigadora norteamericana que trabajó durante muchos años en el estudio de los efectos de la inoculación, llegó a la siguiente conclusión:  “La teoría de que las enfermedades son causadas por las bacterias le complace al ego humano.  La mayoría de nosotros está deseosa de pensar que  las enfermedades que padecemos son el trabajo de agentes externos –del mismo modo que responsabilizamos a la mala suerte de nuestros fracasos”.  La reacción de los “enemigos externos” a todos los logros humanos externos como la penicilina, los antibióticos, etc., demuestra que estos no quieren ser “exterminados” por la humanidad, sino que mantienen su lugar en el mundo: se están tornando resistentes.  En  Singapur, por ejemplo, solo queda un antibiótico eficaz, las bacterias han desarrollado resistencia a todos los otros.  La penicilina que tuvo tanto éxito en sus primeros tiempos, ha perdido ya su eficacia en el 78% de los casos a escala mundial.  Los agentes infecciosos se han tornado resistentes a la penicilina.

Si la teoría de Bechamp de que la enfermedad produce las bacterias hubiera sido aceptada generalmente por sus contemporáneos, y no al revés, seríamos más responsables de nuestra propia salud.  Al igual que las bacterias en la comprensión de Bechamp, los seres humanos se adaptan al “medio de cultivo” de su respectiva sociedad y le permiten a la sociedad determinar por ellos si la enfermedad es originada interna o externamente.  Las teorías de los científicos  son siempre recibidas por el medio predominante de acuerdo con su nivel de conciencia.  Cualquiera que marche delante de su tiempo sabe cuán difícil es apoyar públicamente nuevas ideas que contradigan el pensamiento actual hasta tanto no sean generalmente aceptadas.  Por esta razón, muchos científicos usan la imaginación y “ajustan”  la verdad  para hacer que sus ideas sean “socialmente aceptables”.  Otros quieren imponer desesperadamente sus teorías y probarse a sí mismos.  Independientemente de la motivación personal de estas personas, sus ideas caen en el “medio de cultivo” de la sociedad y la conciencia prevaleciente en dicha sociedad.  La teoría de Louis Pasteur del enemigo externo se corresponde con la concepción contemporánea del mundo y el nivel general de conciencia.  Por consiguiente fue fácilmente adoptada por otros investigadores y por la sociedad en general.  Pasteur fue un hombre muy respetado y en las sociedad autoritarias las teorías de una figura prominente son aceptadas mucho más fácilmente que las de científicos desconocidos.  El arte de falsificar, según Di Trocchio, comprende obtener resultados “que se consideren altamente probables sobre la base del nivel actual de la ciencia”.

Numerosos nuevos enfoques a la curación reportan casos de “curación a través de poderes espirituales”.  Estos son reportes de personas en la fase terminal de su enfermedad que no aceptaron su sentencia de muerte y se prescribieron su propia cura:  El compositor húngaro Bela Bartok estaba en la fase terminal de leucemia cuando se le encargó una nueva pieza orquestal.  La enfermedad se detuvo y el compositor pudo incluso estar presente en la premier.  El publicista norteamericano Norman Cousins padecía de un trastorno severo de la columna vertebral.  Se negó a aceptar la sentencia de muerte que le dio su médico y se autorecetó una terapia que comprendía vitamina C y risa, ver todas las viejas comedias de Hollywood durante días y días.  Norman Cousins se recuperó y volvió pronto  a su vida normal.  La niña de 9 años Marsha Hunt estaba confinada a un pulmón de hierro y escuchó cuando los médicos le informaban a sus padres que no le quedaba mucho tiempo de vida.  Pero esto sólo aumentó sus ansias de vivir, todos los días se imaginaba a sí misma retozando bajo el sol.  Después de un tiempo se mejoró hasta recuperarse totalmente.  Existen miles de estos casos (incluso en mi propia familia) donde la curación tiene que ser considerada como un “esfuerzo cooperativo del cuerpo y el alma”.

Las investigaciones sobre  este tema son significativas, pero no confirman este enfoque.  En el número de primavera de espacio time  informamos sobre un experimento llevado a cabo por dos niñas en Baja Sajonia como parte de un proyecto escolar.  Sembraron frijoles y  alabaron un grupo y reprendieron el otro.  Las plantas que reprendieron crecieron significativamente más lentas y produjeron muchos menos frijoles que las plantas alabadas.

En un experimento diferente cuatro grupos de conejos con cáncer fueron tratados del siguiente modo: un grupo solo recibió tratamiento medicamentoso y  los investigadores no les hablaron con cariño ni los acariciaron.  El segundo grupo recibió placebos y el personal les habló, saludó y acarició.  El tercer grupo recibió tratamiento medicamentoso y además fue saludado y acariciado por los científicos.  Y  al cuarto grupo se le dieron placebos y el personal conversó con ellos, los saludó y acarició.  Los resultados fueron que  un porcentaje casi idéntico (más del 60%) de los conejos de los últimos dos grupos se recuperó mientras que sólo el 15% de los animales de los dos primeros grupos se recuperó.

Los estudios norteamericanos sobre el tratamiento del cáncer en humanos muestran tendencias similares.  Si antes de la quimioterapia se le da a los pacientes su comida favorita, un brandy o dulces, algo que realmente les guste, el tratamiento es más exitoso y causa menos efectos secundarios.  Con este método se puede incluso se puede reducir la dosis sin que se afecte la efectividad de los medicamentos.

Las tradiciones de la medicina oriental se caracterizan por una filosofía totalmente diferente: cada cual tiene su propia frecuencia de vibración.  Los médicos ven su tarea como ayudar al cuerpo,  si esta frecuencia es alterada, a que regrese a su propia frecuencia sana de vibración.

En resumen, se puede decir que la tasa de recuperación de cualquier enfermedad es más alta si se tiene un contacto real con la persona enferma, si se alienta, se acepta y apoya y la actuación del médico no se reduce solamente a un diagnóstico y tratamiento.  Un cuerpo enfermo reacciona de manera muy sensible a cualquier forma de tratamiento y si este se reduce a un mero objeto,  con abundante terminología bélica y considerado como parte de un ejército, resultará mucho más difícil desde el punto de vista energético para la persona involucrada y por ende estimulará la enfermedad en vez de brindar apoyo.  A la luz de esto,  es perfectamente comprensible la insatisfacción creciente de la opinión pública general con el sistema médico.

Hemos visto que el cuidado externo ejerce una gran influencia en el proceso de curación.  Pero el propio cuidado interno no sólo acelera aún más el proceso de curación, sino que también puede incluso ser el iniciador de una curación espontánea inexplicable desde el punto de vista médico.  Mientras más podamos relacionarnos con nuestro propio ser en un nivel profundo,  mayor será la conexión entre el cuerpo, la mente y el alma y por tanto con las fuerzas curativas de nuestro propio campo de energía.  Frecuentemente este es un largo proceso debido a que tenemos que esclarecer muchas ideas, conceptos, y estructuras que hemos adoptado de la sociedad.  Por tanto, cada individuo que cambia su actitud interna para con la enfermedad influirá en el cambio de las estructuras de la sociedad.

Christa Muths
 
 

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